La lista de la compra

Maravilloso momento el de hacer la compra. Es toda una aventura comprar con un presupuesto mínimo. Son muchos los consejos que he ido recopilando a lo largo de los años sobre qué hacer cuando vas a comprar al supermercado y, hoy en día, puedo decir que no sirven para nada, los acabas ignorando completamente en el momento de la verdad.

Consejo número uno: “Hacer la lista de la compra para saber lo que hay que comprar y no hacer gastos innecesarios” Quién lo haga así que me llame y me lo cuente, por favor. Es imposible ceñirse a eso… Sabes de sobras que acabarás comprando cosas que no estaban en esa maldita lista. Mi lista del primer día fue la siguiente (muy ingenua yo):

  • Huevos
  • Pan
  • Pasta
  • Arroz
  • Fruta
  • Verdura
  • Pollo
  • Zumo
  • Leche
  • Café
  • Más cosas aburridas que ni recuerdo
  • Ah sí, aceite de oliva.Tengo que abrir paréntesis en este punto. Miré los ingredientes del aceite de oliva y no vi por ningún sitio que llevara oro. ¿Pero qué son esos precios?. Desde aquí mando un mensaje a mi abuela y a mi madre: Por favor, mandarme aceite del pueblo. ¡Gracias! Ya está. Cierro paréntesis.

Cuando llegué al supermercado, lo hice todo genial, empecé a coger las cosas que tenía en la lista, decidí según precio, comparé precio y peso, compré marca blanca, etc. Así que, mamá, siéntete orgullosa de mí ahora que todavía no has seguido leyendo.

La situación se puso chunga cuando llegué “por casualidad” al maravilloso y dulce pasillo de las “marranadas”, como decimos en mi casa. Dios mío, ¡qué pasillo! El paraíso del chocolate y las grasas saturadas. Los ojos me iban allí y allá sin sentido, no podía parar de pensar en la de cosas buenas que había allí, que si bollos, que si galletas,… Bueno, solo tengo que decir que a los dos días tenía 5 nuevos granitos en la cara. Vamos, que arrasé. Esos pasillos son mi debilidad de toda la vida, bien lo puede decir alguno de mis amigos o mi familia. Pero hoy en día, ya no puedo llevar esa vida porque ahora me lo pago yo, y todos sabemos lo caras que son esas cosas. Y sí, no me había dado cuenta ahora o simplemente me daba igual supongo… Pero bueno, sigamos con la historia.

Abro paréntesis otra vez. Sé que algunos pensaréis, si tienes dinero para bollos, tienes dinero para aceite y sí, tenéis razón. Pero bueno, prioridades raras que tiene una servidora. Cierro paréntesis.

Después de esa semana llena de chocolate, grasas saturadas y calorías, calculé el dinero que me gastaría en un mes si seguía comprando así y tuve que volver a la tierra. He tenido que renunciar a esos manjares para pasarme a la verdura, no por las calorías, que es lo más triste, sino por lo pobre que iba a ser si seguía así… De verdad que calculas todo lo de “comida de verdad” que te puedes comprar con eso y alucinas.

Aprendizaje de la recién independizada: Berenjenas y zanahorias en lugar de bollos y galletas. Mi culo y mi cara me lo agradecerán también.

Alba

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